MAFER BLACHÉ:
los ojos detrás del rock

La fotografía de Mafer Blaché no intenta ordenar el caos de un show, logra quedarse dentro de él y transmitir la euforia y la magia que se mueven entre luces, sudor y ruido.
Su historia con la fotografía empezó a temprana edad y casi como una coincidencia que terminó tomando forma con el tiempo. “Mi acercamiento empezó muy chica”, cuenta. La curiosidad apareció gracias al esposo de su maestra de baile y, más adelante, se convirtió en algo más consciente: clases de fotografía análoga en la Casa de la Cultura, estudios en Artes Visuales y una formación que fue creciendo sobre todo con la práctica.

Antes de encontrar su lugar dentro de la música, Mafer pasó por distintos caminos: bodas, retrato, fotografía de alimentos. Pero había algo que se mantenía constante. ‘Desde que era chica quise hacer música asi que siempre tuve una inclinación natural hacia ella’, dice. Esa intención terminó encontrando un nuevo espacio de exploración pues al salir de la universidad comenzó a trabajar en una escuela de producción musical. Ahí, entre live sessions y dinámicas con alumnos, algo hizo clic: ‘confirmé que el lugar donde realmente me hallaba creativamente era en la música’.
Su entrada a la escena fue resultado de mucho trabajo y sobre todo insistencia. Empezó tomando fotos a amigos, ofreciendo su trabajo sin cobrar y colándose a shows con su cámara. ‘Tomaba fotos y después se las mandaba a las bandas sin cobrar. A veces recibía respuesta y a veces no’, recuerda. Pero justo este proceso fue el que le permitió construir un portafolio y empezar a moverse dentro de la escena local en Puebla.
El primer gran paso llegó gracias a seguir su intuición, y es que vio una convocatoria para fotografiar a Allison en un show y decidió mandar su trabajo. ‘Para mi sorpresa fui la única seleccionada’, dice. A partir de ahí su nombre empezó a circular y las recomendaciones la llevaron a colaborar con otros proyectos como Serbia; poco a poco su presencia dentro de la escena se fue consolidando.

Pero abrirse camino también implica enfrentarse a dinámicas que no tienen que ver con lo creativo y es que en su experiencia, ser mujer dentro de la industria ha significado lidiar con ciertos prejuicios desde el inicio. ‘Muchas veces asumían que por ser mujer y verme más chica sería muy sensible o quejosa’, explica. Su respuesta ante estas situaciones ha sido clara: dejar que el trabajo hable; aunque no siempre es facil, especialmente cuando se trata de ser la persona a cargo. ‘Me he enfrentado a equipos que no me conocen y que intentan pasar por encima de mis decisiones’, dice. Con el tiempo, ha aprendido a sostener su lugar desde un equilibrio entre la calma y la firmeza.
Esa seguridad también se refleja en su forma de mirar pues su estilo visual no busca lo pulido, sino lo vivo. ‘Busco capturar la naturalidad del movimiento y las emociones que se viven en un show’, explica. Sus fotos se mueven entre lo explosivo de los saltos y los guitar flips y lo armonioso y delicado que se puede encontrar en los pedales, los setlists y las manos sosteniendo el micrófono. Al momento de intervenir las imágenes la intención también es clara, para lograr plasmar su estilo se apoya del juego con aditamentos para el lente, constucción de collages y la sobreposición de elementos. ‘Me gusta que las fotos no se sientan excesivamente limpias’.
Hoy, su presente está marcado por su constancia y el trabajuo arduo que lleva haciendo desde hace ya varios años pues ha logrado trabajar completamente de la fotografía y el audiovisual, con la música ocupando la mayor parte de su tiempo. Ha comenzado a girar y a liderar equipos en producciones más grandes. ‘Este (2025) ha sido mi primer año tourenado’, cuenta. También ha llegado a colaborar con artistas que antes veía lejanos, como Javier Blake.

Con todo esto, más que una idea de meta alcanzada, hay motivación para seguir creciendo y continuar logrando cosas cada vez más grandes teniendo siempre claro hacia donde quiere ir. ‘El lugar en el que estoy ahora no es suerte, ha sido mucho trabajo’, dice y comparte que uno de sus deseos, que suena más a decreto, es algún día fotografiar a Slipknot.
Cuando habla a quienes quieren empezar en este camino, vuelve a algo básico pero necesario: la formación. ‘Entender lo técnico te da herramientas creativas que pueden abrir muchas puertas porque vas adquiriendo conocimientos que más adelante te ayudan a crear una voz propia para afinarla con el tiempo’, dice.
En el caso de Mafer, esa voz ya está ahí y lo demuestra en cada imagen que no intenta detener el momento sino dejarnos viviendo dentro de él.
Fotografías proporcionadas por Mafer Blaché.
